Cómo dar la vuelta a tu vida




No tengas miedo. Tener miedo, por desgracia, sigue siendo una de las constantes de mi vida. Pero echarlo a un lado, decirle "eh, mira lo que puedo hacer" es uno de los aprendizajes que me estoy llevando de este cambio de etapa. Los cambios dan miedo y es normal, pero desde que los miro desde otra perspectiva el miedo es algo así como el indicador que me pone alerta para tomar la mejor decisión. Sé que detrás del muro del miedo habrá un punto de inflexión y un escalón superado.

Gracias a todo el miedo que he tenido los pasados años ahora estoy aquí. El miedo se ha convertido en decisiones que me han ido construyendo. Es por eso que quería hablar sobre decisiones importantes y giros recientes que han provocado este ahora, con algo de dolor por el camino pero no sé... todo forma parte de la vida. Ahora lo entiendo un poco mejor.

Avanzar también implica dejar cosas atrás, a veces es lo que menos querrías que sucediera; me han tocado un par de despedidas que me han fortalecido un poco al hacerme ver de repente "sola". Y me han hecho repensar mi entorno y abrazarme aún más a mis amigas -cómo agradezco que estén-. A veces no hace falta dar un cambio enorme para sentir esa frontera entre una etapa y otra, creo que es más importante el cómo se siente uno por dentro y acompañarlo con pequeños cambio importantes fuera. Para mí ha sido muy relevante cambiar cosas pequeñas en mi rutina.

Cuando estoy muy triste y siento a la ansiedad creciendo he intentado asociarlo con dibujarme encima. Eso me concentra, me devuelve a la realidad, me ayuda a respirar y la marca se irá con una ducha.
El otro día estuve revisando la lista de propósitos que hice a comienzos de año, ahora que vamos por la mitad. Y he cumplido la mitad, así que bien, ¿no? Algunos iban derechos pero se cayeron, así que los enderezaremos. Y no he dejado mi vida creativa de lado, así que los propósitos de ese ámbito se están cumpliendo también. ¿Qué me ha pasado entonces?

Resulta que yo pensaba que al terminar la universidad terminaría esa etapa, entendiéndola como el conjunto de los cuatro cursos. Pero no, el 100% de mi vida, aunque a veces lo pareciera, no era la universidad. Tenía muchas cosas que cerrar aún en esta etapa que había incluido los años de universidad. Así que sin entrar en demasiados detalles de mi vida personal, he tenido un miedo atroz los últimos meses. Porque veía derrumbarse cosas que había construido con mucho amor pero que no podían permanecer más conmigo sin dejarme avanzar. Ha dolido como nada desprenderse de eso y darse cuenta de que las decisiones serán cada vez más difíciles. Han sido además meses de ver un torbellino a mi alrededor donde todo mi entorno se ha puesto de acuerdo en sumarse a ese "ya es hora de crecer, crecer de verdad".

Al final el resumen ha sido: aceptar, aceptar y aceptar. Las cosas vienen como llegan y depende de nosotros tomar el control para encajarlas y seguir. Miedo tengo mucho, pero determinación también la tengo toda. Y la suerte estará de nuestro lado porque encontraremos la salida.

Meaning box - Los recuerdos que crecen a mi lado

— María, María,
María, tómate el yogur
María, ¿siete por ocho?
56.
Mis dos años son luz entre cortinas
ese es mi recuerdo más lejano.
Un jardín de infancia algo feo, una guardería en el significado exacto: niños guardados y disfrazados, yo ya tímida.
Me cambiaron al poco a un jardín de verdad, una escuela-granja donde chapurreé inglés entre gallinas y donde una gran perra blanca nos daba los buenos días sentada en un muro sobre la valla. La primera vez que vi lápices estos eran más grandes que yo. De ese sitio me llevé una huella.

Pero ese sitio son también caracoles que llevaba a casa y ranas, y mi abuela cantando en el viejo coche de mi tío por las mañanas. Hay más de ella y de ellos y de ellas, de la familia: hay un pájaro y hay un libro de cuentos y un dominó. Pero mis abuelos también están en el café que ahora he empezado a beber también, en la caja de botones, en los tallos de las flores, en las lentejas en remojo. Mi tía era artista; yo la conocí mas pequeña y delgada de lo que fue, con pocos años más conmigo pero años de aviones de papel y de secretos entre nosotras, una afinidad que nadie había visto antes allí. A su morir, años más tarde vaciamos su cómoda y me regalaron los lienzos, paletas y libros que allí había, una semilla muy muy importante que yo desconocía porque teníamos historias pero ese mueble era secreto para mí.

En esta casa también se han prohibido las canicas, las plumas que traía de la calle por miedo a enfermarme y los coches de latón -sólo para mí, para mí eran los bolsos, los usaba para guardar chucherías y dinosaurios de plástico-

Ahora creo que las cajas de tesoros son algo de familia:

Sketching II

¡Hola, hola! (Y mil perdones por la tardanza). Traigo la segunda parte del post sobre sketching, donde tal y como os comenté, os voy a narrar una salida del pasado febrero. Al final del post os contaré también truquitos para abocetar, y os enseñaré trabajos : ) 

Esa mañana salí con el siguiente equipamento: el estuche de rollo con lo básico, la caja de acuarelas, una botella de agua y algunos papeles. Salimos en grupo desde la escuela que está en la zona alta de la ciudad y yo quería bajar hasta el puerto, así que durante el camino nos fuimos disgregando según el interés de cada uno. En la bajada hice algunas fotos y vi rincones muy bonitos. Eran sobre las 9, así que el centro estaba muy tranquilo y pude callejear con la única compañía del ruido de apertura de los primeros comercios.





El espacio de trabajo

¡Hola! Hoy vengo a desahogarme fugazmente. Quiero compartiros un pensamiento que me lleva acompañando años y es lo importante que es para mí disponer de un buen rincón para trabajar. Algo tuyo, algo en lo que te puedas sumergir y sentirte protegido mientras te dedicas en cuerpo y corazón a la creatividad. ¿Tenéis algo así en vuestras casas? Creo que me costaría mucho sentir como un verdadero hogar una vivienda en la que no pudiese tener mi sitio. Y durante años no lo he tenido, o al menos siempre ha sido un espacio público y no un lugar al que pudiese correr a refugiarme y sentirme a gusto. No sé si conoceréis la sensación o si os la llegáis a imaginar.